Salud

«Podredumbre cerebral» o como el abuso de contenido basura en internet puede dañar tu mente

La dependencia de las redes sociales disminuye la materia gris, reduce la capacidad de atención, debilita la memoria y distorsiona procesos cognitivos.

Internacionales, 27 de diciembre de 2024 (ND58).- Podredumbre cerebral: «Deterioro del estado mental o intelectual de un individuo como resultado del consumo excesivo de material (particularmente contenido en línea) considerado trivial o poco desafiante».

La definición ha sido proporcionada por el diccionario de Oxford que, tras la votación de más de 37. 000 personas, seleccionó este concepto como su palabra del año.

Los expertos del diccionario notaron que el término adquirió relevancia recientemente «para expresar las inquietudes sobre el impacto del consumo desmedido de contenido de baja calidad en redes sociales», señala la publicación. La frecuencia de uso del término incrementó un 230 % entre 2023 y 2024.

La «podredumbre cerebral» no es solo un capricho lingüístico

En la última década, la ciencia ha sido capaz de evidenciar que el consumo excesivo de contenidos irrelevantes en internet sensacionalismo, conspiración, vacío está transformando nuestros cerebros, hasta el punto de que la palabra «podrido» podría no ser tan exagerada.

La evidencia muestra que las redes sociales están disminuyendo la materia gris, acortando la capacidad de atención, debilitando la memoria y distorsionando procesos cognitivos esenciales, según recoge el diario británico The Guardian con citas a un gran número de investigaciones académicas de instituciones como la facultad de medicina de Harvard, la Universidad de Oxford y el King’s College de Londres.

Una de esas investigaciones se publicó el año anterior y demostró que la adicción a internet produce cambios estructurales en el cerebro, lo que repercute de manera directa en el comportamiento y las capacidades de un individuo.

Michoel Moshel, investigador de la Escuela de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Macquarie (Australia) y coautor del estudio, explica que el consumo compulsivo de contenidos en redes sociales el famoso doomscrolling «aprovecha la tendencia natural de nuestro cerebro a buscar novedades, especialmente cuando se trata de información potencialmente perjudicial o alarmante, un rasgo que en su momento nos ayudó a sobrevivir».

Moshel resalta que con ciertas funciones, como el «desplazamiento infinito», diseñadas para mantenerte atrapado al dispositivo móvil, las personas, especialmente los jóvenes, pueden quedar atrapadas en un ciclo de consumo de contenido durante horas.

«Esto puede impactar gravemente la atención y las funciones ejecutivas al saturar nuestro enfoque y alterar la forma en que percibimos y reaccionamos ante el mundo», concluye el investigador.

Eduardo Fernández Jiménez, psicólogo clínico en el Hospital La Paz de Madrid, detalla que el cerebro activa diferentes redes neuronales para establecer diversas modalidades de atención.

Además, indica que el uso problemático de los teléfonos móviles e internet está generando complicaciones en la denominada atención sostenida:

«Permite concentrarse en una tarea específica durante un intervalo de tiempo más o menos prolongado. Está relacionada con los procesos de aprendizaje académico», menciona.

El inconveniente, subraya, radica en que los usuarios de redes sociales frecuentemente están expuestos a estímulos altamente variables (una notificación de Instagram, un mensaje de WhatsApp, una alerta de noticias) y con potencial adictivo. Esto provoca que el enfoque de atención esté constantemente saltando de un lugar a otro, afectando su propia capacidad.

La primera advertencia fue el correo electrónico

Varios especialistas han venido advirtiendo sobre esta problemática prácticamente desde inicios del siglo, cuando el correo electrónico se convirtió en una herramienta de uso habitual.

En 2005, The Guardian publicó un artículo titulado: «Los correos electrónicos «son una amenaza para el coeficiente intelectual»». La historia relataba que un grupo de científicos de la Universidad de Londres se cuestionó qué impacto podría tener sobre el cerebro el constante bombardeo de información.

Luego de 80 ensayos clínicos, descubrieron que el coeficiente intelectual de los participantes que utilizaban el correo y el teléfono móvil diariamente disminuía en promedio 10 puntos. Los investigadores determinaron que esta demanda continua de atención tenía efectos más perjudiciales que el consumo de cannabis.

Esto ocurrió antes de la aparición de los tuits, los reels de Instagram, los desafíos de TikTok y las notificaciones instantáneas.

El panorama actual es aún más desalentador. Indagaciones recientes hallaron que el uso y abuso de internet está asociado con una reducción de la materia gris en las regiones prefrontales del cerebro. Esta es la área que interviene en la resolución de problemas, la regulación emocional, la memoria y el control de los impulsos.

El trabajo de Moshel y sus colaboradores avanza en esta dirección. Su último estudio revisó 27 investigaciones de neuroimagen y encontró que el consumo excesivo de internet está vinculado a una disminución en el volumen de materia gris en áreas del cerebro involucradas en el procesamiento de recompensas, el control de impulsos y la toma de decisiones.

«Estos cambios reflejan patrones observados en las adicciones a sustancias», sostiene el científico, como las metanfetaminas y el alcohol.

Eso no es todo. La indagación también descubrió que «estas modificaciones neuroanatómicas en adolescentes coinciden con la interrupción de procesos como la construcción de identidad y la cognición social, elementos críticos durante esta fase del desarrollo».

Funciona casi como un ciclo, donde los más susceptibles pueden ser los más impactados. De acuerdo con los hallazgos de un estudio divulgado en Nature en noviembre, las personas con deterioro en su salud mental son más propensas a navegar por contenidos irrelevantes, lo que agudiza aún más sus síntomas.

En diciembre, el psicólogo Carlos Losada sugirió a EL PAÍS algunas recomendaciones para evitar caer en el doomscrolling o, en otras palabras, evitar ser absorbido por el agujero negro del contenido superficial que refuerzan los algoritmos: reconocer el inconveniente, esforzarse por desconectar y realizar actividades que impliquen una presencia física, como reunirse con amigos o practicar deportes, son algunas de sus recomendaciones.

Moshel afirma: «Estas actividades son esenciales para la salud cerebral y el bienestar general, ayudando a equilibrar los efectos potencialmente perjudiciales del uso prolongado de pantallas».

Subraya que el tipo de contenidos que se consumen es un factor fundamental para regular los cambios anatómicos en el cerebro.

«Enfóquese tanto en la calidad como en la cantidad del tiempo frente a la pantalla. Priorice el contenido educativo que evite características adictivas. Establezca límites claros y apropiados para la edad sobre el uso diario de pantallas y fomente pausas continuas», añade.

Redacción ND58 | Fuente: Articulo original Facundo Macchi / El País
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: De archivo

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *