Tyson Fury acabó con Deontay Wilder
Tyson Fury dio la pelea de su vida y dominó totalmente a Deontay Wilder a quien derribó en dos ocasiones hasta que su esquina le paró la pelea y decretó el nocaut técnico en el séptimo asalto para convertirse en el nuevo Campeón Peso Pesado WBC. Fue un Deontay Wilder irreconocible, en la peor noche de su vida. Confundido. Impotente. Sin plan B.
Las Vegas, Estados Unidos, 23 de febrero de 2020 (ND58).- Desde el primer asalto, Fury fue amo y señor de la pelea.
El inglés parecía el gran pegador y Wilder parecía el débil. Fury iba al frente, y Wilder peleaba en reversa, a la defensiva. Ambos meten un par de golpes de poder. Wilder conectó un par de derechas fuertes que Fury absorbió bien; y Fury metió los suyos, de izquierda principalmente, y Wilder se cimbra un poco. El comando del ring era para Tyson Fury que empezaba a ganar asaltos.
El segundo round confirmó la confusión que reinaba en la mente de Deontay Wilder. Fury se sigue viendo en comando del cuadrilátero y Wilder parece incómodo, rebasado. Wilder se basa solo en tirar su derecha y logra conectar un par de ellas, que son fuertes, pero Fury las absorbe bien.
En ningún momento, parecía Fury sentir la pegada de Wilder. Y en contraste, Tyson Fury empieza a establecer su jab. Esa será el arma que le dará la pelea.
Lo extraño: Wilder parece sentir más los golpes de Fury, que Fury los de Wilder.
El jab, decíamos, fue la principal arma de Tyson Fury. Y es que el lo mismo estuvo tirando ese jab duro, pesado, sólido para sacudirle la cabeza a Wilder. Pero también lo usaba para obstruirle la visión a Wilder, y luego cruzarlo de derecha.
Así llegó la primera caída en el tercer rasalto Fury tiró el jab y le dejó el guante en la visión de Wilder, para rematarlo de derecha. Wilder no está viendo esos golpe, y el uno-dos de Fury le da sólido en la sien al estadounidense que se va a la lona.
Deontay Wilder está muy lastimado. Se levanta aturdido, con las piernas débiles, como pasta. Así sobrevive el round.
La cara del campeón del mundo en el cuarto rasalto lo dice todo. Se ve aterrado, tocado, con miedo, tambaleante, ido, ausente. Deontay Wilder presenta todos los síntomas de lo peor. No tiene plan B, está importante, perdido. Tira algunos golpes no acierta. Su único aliento es poder lanzar una de sus derechas destructivas y cambiar la suerte de la pelea.
Wilder no ha ganado un solo round. Sale al quinto con un aspecto débil, cansado. Recarga su mano en la cuerda superior buscando guarida, protección, seguridad. Algo le pasa. Se va a la lona con un gancho de izquierda que Fury le mete en el estómago.
El estadounidense se levanta pero lo hace débil y tambaleante. La pelea está perdida.
Redacción con fuente: izquierdazo.com
Edición: Villasmil, Henry
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