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Un Mundial histórico arranca en una Norteamérica dividida

Se suponía que esto iba a ser diferente. Cuando en el verano de 2018 se adjudicó la Copa del Mundo de este año a Estados Unidos, México y Canadá, tanto los líderes mundiales como los responsables del fútbol hicieron hincapié en un tema fundamental: la unidad.«Es una oportunidad para unir al mundo y destacar lo bien que funcionan las cosas entre Canadá, México y Estados Unidos», dijo Justin Trudeau, primer ministro de Canadá en aquel momento.
Foto: Toronto Stadium,  Bernadett Szabo / Reuters

México y Canadá han atravesado una tensión significativa en sus relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, en su histórica candidatura para la Copa del Mundo, los tres países promovieron el trabajo en equipo.

Internacionales, 11 de junio de 2026 (ND58).- Se suponía que esto iba a ser diferente. Cuando en el verano de 2018 se adjudicó la Copa del Mundo de este año a Estados Unidos, México y Canadá, tanto los líderes mundiales como los responsables del fútbol hicieron hincapié en un tema fundamental: la unidad.

«Es una oportunidad para unir al mundo y destacar lo bien que funcionan las cosas entre Canadá, México y Estados Unidos», dijo Justin Trudeau, primer ministro de Canadá en aquel momento.

«Canadá, Estados Unidos y México estamos profundamente unidos», dijo Enrique Peña Nieto, entonces presidente de México.

El presidente Donald Trump, que se encontraba en su primer mandato, se mostró de acuerdo: «Estados Unidos, junto con México y Canadá, acaba de conseguir la Copa del Mundo. ¡Enhorabuena, ha sido un gran esfuerzo!».

Avancemos hasta el jueves, cuando está previsto que dé comienzo en México la primera Copa del Mundo en la que tres países serán anfitriones.

La selección mexicana se enfrentará a Sudáfrica en el primero de los 104 partidos del torneo, repartidos por todo el continente, desde Vancouver y Toronto hasta New York y Kansas City, pasando por Monterrey y Guadalajara.

Se trata de un torneo histórico, con un número récord de equipos participantes (48). Y es un evento que el mundo celebra cada cuatro años, uno de los pocos hitos que resuena en casi todos los rincones del planeta, tendiendo puentes sobre divisiones nacionales, religiosas, ideológicas y de un sinnúmero de brechas más.

Pero, aparte de la fiebre por el fútbol, la unidad no ha sido el sentimiento predominante en los días más recientes entre los tres países anfitriones, y la organización de este Mundial entre vecinos y aliados no ha sido perfecta.

Foto: Estadio Ciudad de México / Luis Rojas, The New York Times

Desde que comenzó su segundo mandato el año pasado, Trump ha atacado repetidamente a México y Canadá con agresiones verbales, amenazas de acción militar y aranceles.

Su gobierno ha promulgado una estricta política de inmigración que ha impedido la entrada a algunos participantes, periodistas y aficionados del Mundial.

Y justo un día antes de que comenzara el torneo, Trump lanzó otro golpe económico a sus coanfitriones, al amenazar con dejar que expirara el pacto de libre comercio de casi 2 billones de dólares entre los tres países.

«No necesitamos nada de lo que tiene Canadá, no necesitamos nada de lo que tiene México, pero ellos necesitan todo lo que tenemos nosotros», dijo Trump el miércoles en el Despacho Oval, y añadió:

«No necesitamos sus coches, no necesitamos su madera, no necesitamos su energía, no necesitamos nada de lo que tienen».

Además de eso, ha habido críticas generalizadas por los precios de un torneo que se anunciaba como inclusivo.

Foto: Policía patrullando cerca de un puesto donde se venden réplicas de la camiseta de la selección mexicana de fútbol en Ciudad de Méxic. Luis Rojas, The New York Times

Por primera vez, la FIFA, el organismo rector del fútbol, ha utilizado precios dinámicos, elevando las entradas a precios estratosféricos, cuando es posible conseguirlas.

Por supuesto, esta no es ni mucho menos la primera Copa del Mundo que se celebra bajo la sombra de la política, y la discordia ha sido a menudo mucho más intensa.

Mussolini organizó la Copa del Mundo de 1934 en Italia y la utilizó para reforzar su régimen fascista.

Argentina celebró el torneo en 1978 durante su brutal dictadura militar. Hace apenas cuatro años, se prohibió a Rusia clasificarse para la competición por invadir Ucrania.

Para muchos aficionados de todo el mundo, la política que se cierne sobre el torneo suele pasar a un segundo plano una vez que comienzan los partidos y empiezan los vítores a sus selecciones nacionales.

Pero tanto en México como en Canadá existe la sensación de que sus naciones desempeñarán solo un papel secundario en este evento.

Cada una de ellas acogerá 13 partidos, en tres ciudades mexicanas y dos canadienses. Por el contrario, Estados Unidos —un país más grande, con estadios más amplios— acogerá 78 partidos en 11 ciudades, incluidos los cuartos de final, las semifinales y la final.

Para muchos en México y Canadá, está claro que la FIFA tenía como objetivo principal a Estados Unidos, la mayor economía del mundo.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, lleva años cortejando a Trump, incluso le otorgó un Premio de la Paz de la FIFA, el primero de su tipo, lo que ha suscitado inquietudes en la comunidad futbolística sobre lo que se supone que debe ser una posición políticamente neutral como líder de este deporte.

En México, donde el fútbol es el deporte nacional, volver a celebrar la Copa del Mundo ha sido un gran motivo de orgullo.

Ningún otro país del mundo —ni Brasil, con su récord de cinco títulos, ni ninguna de las potencias europeas— ha acogido el evento tantas veces como México (1970, 1986 y ahora).

El emblemático estadio de la Ciudad de México, conocido popularmente como Estadio Azteca, acogerá el partido inaugural por tercera vez, todo un récord.

Se inauguró en 1966 y ha sido sometido a una remodelación de casi 200 millones de dólares para este Mundial, lo que ha aumentado su aforo a 87.500 localidades.

Pero no todo el mundo está contento, incluidos los residentes molestos por lo que, según ellos, es una gentrificación acelerada por el Mundial.

Las protestas ya han colapsado el denso tráfico de Ciudad de México y hay más previstas —desde el sindicato nacional de maestros hasta madres que buscan a sus familiares en un país donde hay una crisis de desapariciones— para converger en torno al partido inaugural.

En el frente diplomático, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha tratado de actuar con cautela con Trump, pero la relación entre los países ha sido tensa, especialmente este año.

Bajo presión, su gobierno ha intensificado la colaboración con las autoridades estadounidenses, y ha capturado o abatido a varios líderes importantes de los cárteles.

Su país se ha convertido en el principal socio comercial de Estados Unidos tanto en importaciones como en exportaciones, y ha impuesto aranceles a China que coinciden con las políticas de Trump.

Pero Sheinbaum ha insistido sistemáticamente en proteger la soberanía mexicana y ha rechazado las amenazas de Trump de lanzar ataques militares contra los cárteles en México.

Las relaciones transfronterizas se tensaron significativamente en abril, cuando el gobierno de Trump hizo pública una acusación formal en la que se imputaba a un gobernador mexicano y a otros nueve funcionarios mexicanos, en funciones y anteriores, de ayudar a un poderoso cártel mexicano a cambio de sobornos y votos.

Sheinbaum se ha negado a detener al gobernador, miembro de su partido político; ha criticado a los funcionarios estadounidenses por no aportar pruebas suficientes; y ha calificado en varias ocasiones las acusaciones contra él como una posible afrenta a la soberanía mexicana.

Sheinbaum ha declarado que no asistirá al partido inaugural del Mundial —ni a ningún otro partido— con lo que rompe una larga tradición de los líderes de otros países.

Ha cedido su entrada VIP para el primer partido a una mujer indígena de 21 años que es futbolista amateur. Ha dicho que, en su lugar, tiene previsto verlo con el público en general en la pantalla gigante de la plaza principal de Ciudad de México.

Su homólogo canadiense, el primer ministro Mark Carney, se encuentra en su propio enfrentamiento con Trump.

La relación entre Estados Unidos y Canadá, que en su día fue un vínculo casi familiar basado en la integración económica y cultural, hoy se encuentra en un mínimo histórico.

Trump ha tildado a Canadá de una molestia débil y explotadora, lo que ha provocado un inusual fervor patriótico entre los canadienses y ha redefinido el panorama político del país.

Aunque el comercio es el motivo principal del actual deterioro de las relaciones, la brecha entre ambos países es más profunda.

Las declaraciones de Trump de que Canadá debería convertirse en el estado número 51 han tenido gran repercusión en ese país, donde el año pasado se eligió a Carney, un experimentado financiero, como primer ministro para estabilizar el país en medio de la agitada era Trump.

Carney se ha propuesto forjar nuevas alianzas en todo el mundo para Canadá y ha defendido la apertura de nuevos mercados para romper la abrumadora dependencia de su país del comercio con Estados Unidos.

Incluso ha abierto la puerta a un mayor comercio con China, con lo que rompió con años de política exterior y comercial en los que Canadá coincidía por completo con Estados Unidos.

Funcionarios mexicanos y canadienses también han tenido conversaciones por separado sobre el futuro de su acuerdo comercial trilateral con Estados Unidos.

El viernes, Canadá acogerá su primer partido del Mundial (su selección nacional se enfrentará a Bosnia y Herzegovina en Toronto), y es probable que Carney no asista.

Su oficina anunció que el jueves volará a Europa para asistir a reuniones diplomáticas y a una cumbre del Grupo de los 7, ya que Canadá está «diversificando sus alianzas en el extranjero».

Estados Unidos también disputará su primer partido el viernes (su selección nacional se enfrentará a Paraguay en Los Ángeles), y no está claro si Trump asistirá. Él también ha criticado el elevado precio de las entradas.

«Me encantaría estar ahí, pero tampoco lo pagaría, la verdad», dijo Trump a The New York Post en una entrevista telefónica el mes pasado.

Sala de redacción ND58 | Fuente: James Wagner, nytimes.com
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: Luis Rojas, The New York Times

 

 

 

 

 

 

 

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