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¡Larga vida a la canción romántica! SanLuis deleita a Maracaibo con sus grandes éxitos

El Palacio de Eventos de Venezuela recibió al dúo maracaibero, SanLuis en su «Aunque Sea Todo World Tour» tras cuatro años desde su última presentación en la capital zuliana.

Maracaibo, Zulia, Venezuela, 07 de noviembre de 2026 (ND58).- Los hermanos Santiago y Luigi Castillo, integrantes del dúo SanLuis, conquistaron a más de 5.000 personas la noche del 06 de noviembre en el Palacio de Eventos de Venezuela, en Maracaibo. Tras cuatro años de ausencia, la agrupación ofreció un concierto a casa llena como parte de su gira «Aunque Sea Todo World Tour», marcando un emotivo reencuentro con su ciudad natal lleno de nostalgia y novedades musicales.

El preludio

Una marea de emociones contenidas empezó a desbordarse en el ambiente desde las 09:00 p.m. cuando la noche encendió sus primeros destellos con la puesta en escena de María Jesús, quien con una vibra arrolladora y llena de fe conquistó el escenario al interpretar «Para siempre», «Evidencias», «Deberías» y «Mi Dios no falla».

Entre aplausos, soltó una frase que resonó en todo el recinto: «¡Mujeres, los problemas no existen!», para luego despedirse entre ovaciones.

La tensión del público se convirtió en euforia a las 1o:08 p.m. tras la proyección de un video introductorio.

Los artistas aparecieron en el escenario vistiendo trajes elegantes sin corbata, a excepción de Santiago, quien optó por una camiseta negra, para abrir el espectáculo con «Qué me has hecho tú», un clásico imborrable de su etapa en Voz Veis.

El impecable despliegue audiovisual y de luces acompañó éxitos como «Cosita rica» y la enérgica «Como yo», grabada originalmente junto al colombiano Silvestre Dangond.

Durante esta pieza, los coristas y los propios hermanos asumieron las estrofas del invitado, manteniendo el fervor de la audiencia.

Tributo a la balada

La intimidad tomó el control cuando Santiago se sentó al piano para interpretar «Pa’ que no me puedas olvidar». Sin embargo, fueron sus palabras lo que llenó de vítores el gran salón:

«Hablando de canciones de amor y de enamorarse, esta canción que habla de enamorarse, me adelanto para decirles que enamorarse normalmente es un problema.

Pero enamorarse de tu mejor amiga pasa de ser un problema a ser un tremendo peo», dando paso al tema «Mi gran amiga». La pantalla de fondo proyectó una pieza gráfica de animación japonesa.

Luigi aportó humor al bromear sobre sus habilidades para el baile antes de cantar el merengue «Niña dura».

«Santiago, por ahí dicen que vos y yo bailamos muy feo (…) yo creo que solos tenemos como un ritmo raro, como una carencia distinta, como unos pies confundidos que se van entendiendo poquito a poquito con el tiempo…».

Las pantallas mostraron portadas de periódicos ficticias mientras los hermanos arrancaban carcajadas con sus pasos, demostrando su versatilidad escénica.

El dúo continuó con un popurrí acústico, precedido por una sentida defensa del desamor por parte de Luigi, quien exclamó:

«Dicen que somos como unos merodeadores del desamor, que agarramos las canciones, le inyectamos un montón de tristeza y caracterizamos eso, somos unos vándalos, somos como unos vendedores, que vamos con nuestra música casa por casa, pero en vez de vender ollas, vendemos productos mucho más miserables, se llama despecho.

No te parte el corazón quien alguna vez te hizo inmensamente feliz, no te parte el corazón una persona con la que no viviste el amor sin cinturón de seguridad, sin casco, sin miedo.

Por eso yo creo, que las canciones tristes son el documento, el acto notariado, la huella de que alguna vez vivimos la vida en mayúscula.

Larga vida a la canción triste, larga vida a la balada, larga vida a la canción romántica». Acto seguido, el público coreó a todo pulmón la frase «Reconozco, Maracaibo, que te amo» durante la canción «Reconozco».

Luego vino «Tan cerca», interpretada sentados frente a una visual que simulaba una ventana empañada por la lluvia.

El recorrido continuó sin pausa con «No soy» y un adelanto festivo con «Ven a mi casa esta Navidad», concluyendo este bloque a las 10:44 pm.

Sin perdernos de la atmósfera, rindieron homenaje al gran Juan Luis Guerra con «Ojalá que llueva café», durante el tema, hicieron mención especial a La Guaira, pidiéndole al público estar atentos, y dedicaron un sentido mensaje a la resistencia y unión de todos los venezolanos.

La velada se tornó nostálgica cuando Santiago volvió al piano y las coristas sumaron sus voces para entonar el clásico bolero «Nuestro Juramento» de Julio Jaramillo, enlazándolo inmediatamente con «Mi corazón».

Posteriormente, Luigi declamó un poema para introducir de «Dónde andabas tú», creando una atmósfera perfecta junto a los acordes de Santiago.

«Mi brújula piche me llevó a perderme en la geografía triste de los lugares en los que nunca estuviste. Los cartógrafos del destino situaron mi corazón en un lugar del mapa donde jamás tuvo que haber caído.

Un cupido, gatillo alegre, miope y distraído, disparó a mansalva contra un blanco indebido. Y para colmo, en la agenda de San Antonio, el colgante, por un pelón de ortografía, tu nombre y el mío aparecieron en fecha y sonantes. Y ya cuando te pude encontrar, apenas me aullido que jalaba de tus piernas.

Entonces, le pregunté un brujo, a un vudú, a mis primos y tías y hasta la Virgen del Sur: ¿Dónde, dónde, dónde? ¿Dónde estás?».

A las 10:58 p.m., en un salto de ritmo contagioso, la batería y los acordes alegres de «Pedacito de tu querer» pusieron de pie a cada alma presente en el recinto.

La emotividad regresó con «Ilusionista», donde la corista asumió magistralmente la parte de Kany García mientras Santiago marcaba el compás desde el piano.

A las 11:07 p.m., la banda anunció un pequeño descanso de cinco minutos.

Segundo acto

El silencio duró poco, a las 11:13 p.m. regresaron con energía renovada al son de «La niña de mis ojos», cediéndoles el micrófono por tramos al público, que coreaban.

Rompiendo toda barrera, los artistas bajaron del escenario para caminar directamente entre la multitud mientras entonaban «Aunque sea poco».

Entre la cercanía y el contacto con la gente, se escuchó un grito que retumbó en las paredes: «¡Qué bonito es Maracaibo!». Al subir nuevamente para cantar «Segundo plato», la ovación de la audiencia fue ensordecedora.

Seguidamente el recinto entero comenzó a retumbar al ritmo de un «E-o» masivo mientras presentaban a cada uno de los músicos de la banda. La energía era tal que empalmaron de nuevo con un fragmento festivo de «¿Qué me has hecho tú?».

Llegó el momento crucial: los artistas hicieron una falsa despedida. Al escuchar que decían «Adiós», el público asistente se negó a dejarlos ir.

En segundos, una ola de luces de teléfonos celulares iluminó el recinto entero; el público pedía a una sola voz el infaltable «Farolito», resistiéndose a creer que el concierto había llegado a su fin.

A las 11:37 p.m., los músicos reaparecieron en tarima luciendo un cambio de vestuario más fresco: Santiago vistiendo franela manga corta y su hermano con una franela manga larga, ambas de color negro.

Aunque la multitud gritaba exigiendo «Farolito», los artistas sorprendieron presentando material nuevo con «Se supone». Luego, al preguntar directamente qué tema querían escuchar y recibir nuevamente el mismo clamor, jugaron con el público e interpretaron «Quizás».

Antes de continuar, la noche se vistió de romance puro, los integrantes de San Luis fueron cómplices en pleno escenario de una emotiva pedida de matrimonio. Tras el «Si quiero», le dedicaron a la pareja el tema «Te quiero», deseándoles una vida llena de felicidad.

El tramo final arrancó dedicado a las seguidoras más fieles con «El plan», seguido de la fuerza de «Cuando seas grande» y el himno de fe «Mis ilusiones».

El clímax de la noche parecía haber llegado finalmente donde se despidieron al grito de «¡Maracaibo, mil gracias!» seguido de la canción «Se Acabó», poniendo a la multitud de pie.

Sin embargo, el regalo definitivo aún aguardaba, los primeros acordes de «Farolito» retumbaron en el lugar. Una lluvia de papelillos multicolores inundó el aire mientras miles de personas coreaban al unísono, sellando una noche mágica e inolvidable.

Sala de redacción ND58 / Timaure García, Keilly
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: @villasmilhfoto

 

 

 

 

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