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El drama del coronavirus en Mozambique

Juan Gabriel Arias, que es cura y encabeza una misión en el sur de África hace más de 10 años, relata una cruda realidad en primera persona. «Hay un solo hospital para dos millones de personas», detalla.

Internacionales, 29 de marzo de 2020 (ND58).- El cura Juan Gabriel Arias es un sacerdote porteño que desde 2000 encabeza una misión humanitaria en Mozambique. Fue dirigente de Racing y uno de los símbolos de la remontada del club tras la quiebra.

Desde 2014 es párroco en la iglesia de Mangunze. Allí tomó al fútbol como aliado: formó un equipo con los jóvenes de la zona, que recibía a diario a habitantes de aldeas aledañas para jugar. Pero ahora la pandemia de coronavirus ​obligó a cambiar un escenario ya de por sí difícil. Desde el Sur de África, contó los detalles de la dura situación que se vive a diario.

Dejar de jugar al fútbol fue muy fuerte porque es la única diversión que hay acá. Sin televisión, sin internet, casi ninguno tiene teléfono con conexión porque es muy caro. Y el divertimento de todos acá es el fútbol. Por eso pararlo también sirvió como señal para que se lo tomen en serio.

Ellos saben que a mí me encanta jugar y que soy el primero que quiere hacerlo. Para ellos no jugar es un testimonio fuerte de que esto es en serio.

En Mozambique desde el viernes 20 de marzo el presidente Felipe Nyussi dictó la cuarentena obligatoria por un mes: no hay clases, suspendieron todas las Visas, no se puede hacer reuniones de más de 50 personas y eso ya se está terminando también.

La iglesia católica suspendió todos los cultos, no hay misa, no hay nada. Esto incluye la Semana Santa así que es muy fuerte. Y otra cosa significativa es que no se pueden hacer entierros. Acá la costumbre es que a los entierros vayan los vecinos, toda la población; siempre hay mucha gente.

Esta nueva medida para la cultura mozambiqueña es difícil de aceptar. Yo les dije que cuando haya algún entierro voy a ir a hacer la oración pero solo estarán cuatro o cinco personas, las suficientes para hacer el pozo para enterrar el cajón y nada más.

El martes pasado aparecieron el segundo y tercer caso oficiales de positivos por coronavirus. El tercer caso ya era autóctono, una persona que se contagió acá. Y lo que se cree es que hay muchos más casos pero que no fueron reportados, incluso antes que el primero que se hizo oficial (N. de R.: hasta este domingo se habían reportado ocho casos positivos).

Lo que ocurre es que no fueron al hospital a hacer la prueba. La gente tiene mucho miedo porque el sistema de salud de acá no está preparado para algo así. Ni para nada parecido. Cualquier brote de cólera o cualquier problema semejante se desbordan los hospitales y los pacientes terminan acostados en el piso de los patios.

El martes pasado a la mañana tuvimos una reunión con dirigentes de la zona para que le contaran la situación a los habitantes. Y una de las cuestiones era saber a dónde derivar a alguien si aparece con síntomas de coronavirus.

Hay un solo hospital en toda la provincia de Gaza para dos millones y medio de habitantes. Este hospital inauguró hace poco una sala de terapia intensiva de 10, 12 camas. Además acá no es fácil el acceso a oxígeno o respiradores.

Por eso la gente dice que van a morir como perros, que va a ser igual que la guerra. El sistema sanitario no está preparado. Si bien noto que la gente se está previniendo y se queda más en la casa, los que tienen que moverse en el transporte público lo hacen en esos vehículos que son como combis chiquititas que van repletas de personas o en una camioneta de caja abierta, también repletas. Y ahí el contagio es muy fácil.

Otra situación complicada de la zona en la que estoy es que mucha gente de acá trabaja en Sudáfrica. En Sudáfrica hay coronavirus hace más tiempo y recién el martes pasado dictaron la cuarentena. También mucha gente de Sudáfrica se está viniendo para acá, especialmente los jóvenes.

Eso es un problema porque no cumplen la cuarentena de 15 días que deberían hacer. Por falta de conciencia, por ignorancia… Es preocupante.

A esto hay que sumarle que acá es una zona rural: no hay electricidad, no hay televisión, muy pocos tienen radio y los canales de información son muy limitados. Entonces la gente no está enterada de lo que pasa y es clave la información de una persona a otra.

Tampoco hay agua corriente. Toda la población, toda la aldea va a sacar a la misma fuente. Ahí se juntan todos. El trabajo de cargar agua es de mujeres y chicos. Y ahí van a bombear todos de la misma palanca, de la misma bomba. Si hay uno contagiado, todos los que vienen después ponen la mano en el mismo lugar.

Yo estoy bien, sabíamos que la situación iba a llegar a Mozambique. Jamás se me cruza por la cabeza volverme para Argentina, yo ya estoy radicado acá y me quedo para siempre. En Argentina nací, lo quiero mucho, pero este es mi país para vivir.

No me da irme cuando más me necesitan. Y no estaría contento: es cierto que en Argentina si me enfermo tendría más medios para curarme o ser atendido mejor, pero en Argentina estaría mal, sin paz interior por toda la gente que está acá.

Y si me toca enfermarme y morir… Bueno, a todos nos va a tocar. Pero que me pase haciendo lo que quiero, acompañando a mi pueblo. Ojo, yo sé que no estoy dentro de los grupos de riesgo, tengo 52 años y todavía sigo jugando al fútbol, estoy bien de salud… Me puede pasar. Pero en este momento lo que buscamos es tratar de que la gente se informe lo más posible.

Una cosa que les dolió mucho a los de la aldea es que tuvimos que suspender todo el fútbol. Justo hoy había un partido con gente de otra aldea, que vino hasta acá y al principio estaban enojados porque les dije que no jugábamos. Pero sirvió para darles información de lo que estaba pasando. Y me terminaron agradeciendo.

Acá siempre hay chicos jugando. Lo que hacemos ahora es prestarles una pelota para que se la lleven a su casa y no vengan a jugar acá a las canchitas, que la Misión no sea un lugar de reunión.

Es muy duro el panorama. Tuve una charla vía teleconferencia con gente de Scholas Occurrentes, la Fundación del Papa Francisco, para ver cómo podían ayudar. Se preocuparon, van a colaborar en el armado y difusión de folletos con información clave sobre el coronavirus.

Así como ellos, también hay médicos que vinieron de Argentina y de otras partes. Lo difícil de este virus es que es mundial, no es un problema de Mozambique, entonces cada uno también debe ocuparse de su problema puntual.

Redacción con fuente: Mariano Verrina / El Clarin
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: cortesía

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