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Falleció Emilio Morricone, leyenda de las bandas sonoras del cine

El músico nacido en Italia, Ennio Morricone, falleció este lunes a los 91 años. Sembró sueños en varias generaciones con sus inolvidables bandas sonaras para el cine con su propio sello, que lo catapultaron como uno de los mejores compositores de todos los tiempo.

Roma, Italia, 6 de julio de 2020 (ND58).- El compositor y ganador del Oscar Ennio Morricone murió a los 91 años, este lunes. El músico fue famoso por las partituras de wésterns europeos, conocidos como spaghetti westerns, incluyendo «The Good, the Bad and the Ugly» y ganó un Premio de la Academia por la banda sonora de «The Hateful Eight» de Quentin Tarantino.

Nació en Roma el 10 de noviembre del año 1928, estudió en el Conservatorio Santa Cecilia, bajo la dirección de Goffredo Alessandrini y se certificó especialmente en composición, trompeta y canto oral.

Sus inicios tuvieron lugar en la composición de música sinfónica y de cámara, posteriormente extendió su actividad a la música ligera y también trabajó como arreglista de cantantes como Gianni Morandi o Jimmy Fontana.

Su viaje en el cine, comenzó en 1961 con la banda de la película «II federale» de Luciano Salcio y acabaría colaborando junto a otros cineastas como Marc Bellocchio o Bernardo Bertolucci.

Sin embargo su mayor éxito llegó con el padre de «Spaghetti westerm», Sergio Leone, quien compartió estudios con él, en la escuela de Roma.

Morricone, estuvo atrás de la composición de las dramáticas bandas de al «Trilogía del Dólar, Spaguetti western protagonizada por Clint Eastwood: «Per un pugno di dollari” (1964), «Per qualche dollaro in più” (1965) e «Il buono, il brutto, il cattivo” (1966).

Después de consagrarse como uno de los mejores en la historia del cine, trabajó al lado de otros directores como como Pier Paolo Pasolini, Lina Wertmuller, Roman Polanski, Oliver Stone y Pedro Almodóvar en «Átame» (1990).

Recordando sus colaboraciones más importantes son las composiciones para la cinta «Nuovo Cinema Paradiso» (1988), de Giuseppe Tornatore, seguida de la obra maestra de Bernardo Bertolucci, «Novecento» (1976), junto a la historia de aquel misionero jesuita de «The Mission» (1986).

Galardonado con decenas de premios: tres Grammy, cuatro Globos de Oro y un León de Oro de Venecia, consagrándolo como uno de los más grandes compositores de la historia del cine.

En el año 2006, ganó el Óscar honorifico y una década después en el 2016, lo gano por la banda sonora de «The Hateful Eight» (2015) de Quentin Tarantino.

Este 2020, habría ganado el Premio Princesa de Asturias de las Artes 2020, en compañía de grandes compositores, el estadounidense John Williams, Morricone tenía todas las intenciones de recoger el premio.

La musa la encontró sobre dos grandes pilares Johann Sebastian Bach e Ígor Stravinski: «Son ellos dos los polos determinantes», expresó el compositor en un libro entrevista, con su otro gran compañero, Giuseppe Tornatore.

Pero si hay un secreto en sus partituras es el rol del silencio: «El silencio es música, al menos tanto como los sonidos, quizá más. Si quieres entrar en el corazón de mi música, busca entre los vacíos, entre las pausas», relató Morricone.

Hace tan solo un año, el músico comunicó, que dejaría de componer durante este año, aunque ofreció una serie de conciertos, para recordar aquellos temas que lo consagraron, en Roma se presentó en las imponentes Termas de Caracalla.

El memorable músico dejó un legado de una inolvidable carrera bien consolidada y que solo se ha arrepentido de una cosa, tal y como confesaba en el anteriormente nombrado libro: no dedicar más tiempo a su esposa, María, con la que tuvo cuatro hijos y que le acompañó en sus últimos momentos.

El compositor será recordado como uno de los grandes emblemas de la capital, a la que amó enormemente también en el campo de fútbol siempre fanático de Roma.

Creció en el barrió pintoresco del Trastevere, vivió en su ático de Ara Coeli, en la céntrica y bulliciosa Plaza Venecia y en los últimos años se movilizó hasta el barrio del EUR.

En su ciudad natal descubrió su amor por la música, comenzó gracias a su padre, que también se dedicaba a la música. De este modo comenzó una carrera, donde fueron frecuentes las crisis de creatividad surgidas por las prisas de la industria del cine, como el mismo lo distinguía.

A pesar de las adversidades siempre amo la composición y las orquestas, nunca perdió esa pasión que lo movía y lo hacía único, ni siquiera en sus peores momentos, quizá este fue el secreto de su gran éxito.

«Cuando era muy joven dije a mi mujer: ‘cuando tenga 40 años acabó con el cine’ pero seguí. Después de los 40 dije ‘cuando tenga 50 años lo dejo’ pero no fue así. Obviamente continué con 60, 70, 80 años… Siempre he ido diciendo que dejaría de escribir para el cine con 90 años. Y ni siquiera ahora sé qué haré», expresó el inolvidable músico en su libro.

Redacción: Rubio, Laura Isabel (@lauraisabelrubio) | Fuente: EFE
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: EFE

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