Viva con su adolescente y no muera en el intento
¿Cuántas veces hemos escuchado que vivir con un adolescente es una bomba de tiempo? Pues déjenme decirles que una cosa es imaginarlo y otra diferente vivirlo. Nadie sabe lo que eso significa, hasta que lo vive en carne propia, porque la evidencia es clara y nunca miente.
Es bueno saber que la madurez del cerebro se completa entre los 25 y los 30 años cuando la corteza prefrontal y otras áreas como las llamadas «amígdalas cerebrales» logran su desarrollo.
Mientras tanto, una verdadera «marea química» atraviesa el sistema de nuestros adolescentes y sus efectos se hacen sentir vigorosamente. Y el que diga que no, se encuentra alejado de la realidad.
Prepararse para la experiencia de vivir con un adolescente y no morir en el intento, es una tarea obligatoria. Solo así podemos asegurar su desarrollo integral y una convivencia más tolerable y adaptada, porque los que están cerca no escapan de la estampida de emociones que emanan de esos cuerpos plenos de energía.
En esa edad vemos conductas imprudentes, explosiones de ira, evitación de responsabilidades, conflictividad generacional, desafío a las figuras de autoridad, aislamiento social y no puede faltar la búsqueda permanente de aceptación en su entorno.
Y aunque parezca insuperable para algunos padres, hay salvación y comienza en el momento en el cual aceptamos que nuestros hijos ahora SON ADOLESCENTES y decidimos dejar de observar y entrar en acción.
Es necesario aceptar y educarse para afrontar juntos este proceso natural, esto puede ayudarnos a transformar estos años en verdaderos tiempos de desarrollo, pues lo que haga en esta época de vida, resultará vital para lo que serán sus vidas como futuros adultos.
Ese es el momento preciso, en el cual nuestra guía es fundamental para ayudarlos a comprender el mundo interno y externo.
Como padres pasamos a cumplir otro rol, que puede llegar a hacernos sentir como observadores pasivos o espectadores, lo que no es fácil cuando pensamos en esos niños que vivieron pegados a nuestro regazo y los comparamos con éstos que parecen no necesitarnos y quedamos como camaradas presentes que acompañan y que sabiamente mantienen los límites desde el amor, el respeto y el autocontrol.
Y debe saberse que si nos permitimos entrar a esta guerra desarmados, tendríamos que darla por perdida. Si algo le ayudará a que las partes no salgan tan heridas, es mantenerse presente y capacitado para afrontar la tarea.
En el libro «Autoestima en palabras sencillas» el Dr. Renny Yagosesky, afirma que los padres pueden ayudar a sus hijos: «estableciendo una comunicación abierta y respetuosa, reconociendo su necesidad de exploración, estableciendo límites, ajustando las expectativas y educándolos en posibles consecuencias en lugar de gritar y castigar».
Además, resalta la importancia de que los padres reconozcan que los jóvenes están en la configuración de su identidad y que eso incluye experimentar con nuevas ideas y comportamientos, y recomienda que en lugar de imponer su autoridad, los padres pueden tratar de entender las necesidades y preocupaciones de sus hijos, y trabajar juntos para encontrar soluciones que satisfagan a ambas partes.
Aunque esto parezca para algunos demasiado romántico, realmente es el mejor camino. La ruta de la amenaza, el dar órdenes, cerrarse al diálogo, compararlos, criticarlos, ofender, excederse en elogios, darles mensajes poco claros o de ir medias verdades, sólo nos llevará por un mundo de frustraciones y desaciertos.
En cambio, el fomento de la empatía, la comunicación, la negociación sembrará flores donde antes sólo hubo piedras.
Sabemos que no existen llaves maestras ni fórmulas mágicas, pero sí hay maneras en las que, como adultos inteligentes, podemos colaborar para que nuestros hijos vivan la adolescencia como una etapa gratificante.
• Manténgase conectado. Vaya a los partidos y actuaciones de su hijo adolescente. Esto le dice a su hijo que él o ella es importante y abre la puerta a la comunicación.
• Dele responsabilidades a su adolescente. Asígnele tareas en la casa, como cuidar a hermanos menores, cocinar una vez a la semana, preparar su propio almuerzo y otras responsabilidades.
• Establezca reglas claras. Elimine la emoción de la disciplina, y concéntrese en consecuencias naturales. Si usted es firme, justo y consecuente con sus reglas, su hijo adolescente sabrá qué esperar.
• Acepte que su manera de hacer las cosas no es la única. Reconozca que su hijo probablemente encare tareas o situaciones de forma diferente de cómo lo haría usted.
• Sea flexible. Los adolescentes quieren y necesitan límites que sean adecuados para su edad y desarrollo. A medida que su hijo adolescente madura, cambie las reglas según corresponda para recompensar la conducta responsable.
• Crea en su hijo. Reconozca que todos pasamos por etapas difíciles. Si bien algunos adolescentes tienen dificultades, la mayoría de los adolescentes lidian con las cuestiones comunes sin mayores problemas.
• Ayude a su hijo a fijarse metas. Los adolescentes aprenden a pensar estratégicamente cuando los padres los alientan a fijar metas y les ayudan a elaborar un plan para alcanzarlas.
• Escuche. Parece tan simple, pero es una de las habilidades comunicativas con la que los padres a menudo tienen más dificultades. Sea sensible y esté alerta a indicios de que su hijo adolescente necesita hablar.
• Dé el ejemplo. Esfuércese por dar el ejemplo de sus propias creencias y valores en sus conductas de modo que su hijo pueda imitar no solamente lo que usted dice, sino también lo que hace.
Y cómo dice una famosa canción de Rubén Blades: «el deber de un padre no acaba jamás».
Avancemos juntos, con amor y realismo, en el camino exigente y sinuoso de criar adolescentes hasta convertirlos en adultos sanos.
Por: Yeimy Ramírez Ávila
Gráfica: David Alvarez / Melissa Askew


