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25 años del 11S: enfermedades persiguen a bomberos y rescatistas de New York

Un cuarto de siglo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las secuelas de salud persisten entre los bomberos y rescatistas que trabajaron en la Zona Cero: 4.257 miembros del Departamento de Bomberos de New York (FDNY) han sido diagnosticados con cáncer y 12.161 con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center.

El FDNY reporta 4.257 casos de cáncer y más de 12.000 afecciones atribuidas a las toxinas del World Trade Center.

New York, EE. UU., 11 de septiembre de 2026 (ND58).-  Un cuarto de siglo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las secuelas de salud persisten entre los bomberos y rescatistas que trabajaron en la Zona Cero: 4.257 miembros del Departamento de Bomberos de New York (FDNY) han sido diagnosticados con cáncer y 12.161 con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center.

El balance de víctimas sigue creciendo. Alrededor de un millar de afectados presenta más de un tipo de cáncer, mientras que 4.496 miembros están certificados por al menos una afección de salud mental y 10.562 por una afección física.

Aquella soleada mañana de 2001, miles de bomberos y rescatistas acudieron al lugar sin imaginar que muchos pagarían con su salud años después. Hoy, 25 años más tarde, las consecuencias siguen presentes.

Una marca que no desaparece

Joe Conzo, entonces técnico de emergencias médicas, forma parte de esa estadística. En 2019 enfrentó un cáncer de hígado y posteriormente otro de páncreas, lo que lo obligó a retirarse.

«Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día», asegura Conzo a EFE. «Llevo siete años en remisión», comenta satisfecho el extécnico, hoy dedicado a la fotografía que aprendió de niño en El Bronx.

Tras los atentados, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró que, después de un «riguroso monitoreo», el agua potable y el aire en el Bajo Manhattan eran seguros. La realidad, sin embargo, fue distinta.

Entre el polvo y los escombros

Conzo y su compañero se dirigieron al lugar tras escuchar que un avión había impactado una de las torres. «Miles de personas salían corriendo y solo policías y bomberos iban en dirección contraria», recuerda.

«Al entrar a un edificio, oí un ruido que parecía un tren y mi amigo corrió», relata. El edificio se derrumbó y generó una enorme nube de polvo y humo que envolvió el Bajo Manhattan; Conzo fue alcanzado por los escombros.

Poco después lo sacaron de allí. «Busqué agua, me lavé la cara, llamé a mi madre y busqué a mi compañero para saber si estaba bien», evoca.

Una vez recuperado, permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente, ayudando a sobrevivientes, muchos trasladados a hospitales de la vecina Nueva Jersey.

«Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos», lamenta.

Tres días en la Zona Cero

Izzy Miranda, entonces instructor en la academia de bomberos y posteriormente presidente del sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del FDNY, tampoco olvida. «Esos recuerdos están guardados como en una «cajita» en tu cerebro», dice.

Tan pronto supo del avión, salió de la academia junto a otros técnicos, bomberos y policías. Detuvieron un autobús de la ciudad, desalojaron a sus pasajeros y se dirigieron al lugar en medio de una inmensa congestión.

«Llegamos antes de que se cayera el primer edificio. Solo se veía humo y lo que parecían papeles cayendo, pero cuando mirabas bien, era gente tirándose», recuerda. «El primer bombero que murió allí fue porque le cayó una persona encima y lo aplastó».

Mientras buscaba sobrevivientes en el edificio impactado, escuchó «como un terremoto». Era el derrumbe de la torre, por lo que se alejó del lugar.

Salud afectada tras los ataques

La inmensa nube de polvo le alcanzó: «Parecía como algodón en la boca y no podía respirar. Me tiré debajo de un camión y usaba un pañuelo para proteger mi boca y nariz. Los ojos ardían».

Tras unos 15 minutos, entró a un edificio para lavarse y regresó. «Antes de caerse las torres, sacábamos gente que trabajaba ahí.

Después, la mayoría eran cuerpos desmembrados. Miraba si tenían tatuajes, una sortija o alguna joya» que ayudara a identificarlos, recuerda Miranda, quien también trabajó en la morgue improvisada que se levantó en el lugar.

Miranda luchó desde el sindicato por beneficios médicos para los afectados, pero tampoco escapó a esa realidad: fue diagnosticado con apnea del sueño por problemas en las vías respiratorias y ha sido operado dos veces de la nariz por la exposición a los químicos.

De acuerdo con el FDNY, más de 600 miembros han muerto por enfermedades que se sospecha están relacionadas con el 11S.

Sala de redacción ND58 | EFE
Edición: Villasmil, Henry
Gráficas: EFE

 

 

 

 

 

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